La vida y el arte de Kurt Seligmann
Nacido en Basilea, Suiza, Kurt Seligmann fue un pintor, grabador y ocultista suizo-estadounidense vinculado al surrealismo. Su travesía artística comenzó en su juventud mientras trabajaba en una imprenta, donde se dedicaba a colorear a mano diapositivas de linterna mágica sobre vidrio. Tras formarse en la École Supérieure des Beaux-Arts de Ginebra, continuó su formación en la Accademia di Belle Arti de Florencia. La obra de Seligmann se distingue por una imaginería fantástica, donde a menudo aparecen trovadores medievales y caballeros sumergidos en rituales macabros, una estética inspirada por el carnaval anual de su natal Basilea.
En 1929, Seligmann se trasladó a París, ciudad donde se involucró profundamente en el movimiento surrealista. Fue miembro del grupo Abstraction-Création y, finalmente, fue aceptado en el movimiento surrealista por André Breton. Sus viajes a la Polinesia Francesa, Alaska y la Columbia Británica durante la década de 1930 despertaron en él un profundo interés por el arte indígena y los tótems.
Exilio y últimos años
Tras la invasión de Polonia en 1939, Seligmann y su esposa, Arlette Paraf, se trasladaron a la ciudad de Nueva York. Durante su periodo de exilio en la década de 1940, su producción artística se volcó con fuerza hacia la incorporación de la magia, el mito y lo oculto. Además, fue un escritor prolífico, publicando obras de la talla de Magic, Supernaturalism and Religion y The Mirror of Magic.
Seligmann también ejerció como educador, impartiendo clases en el Briarcliff Junior College, The New School for Social Research y el Brooklyn College. Entre sus alumnos destacaron figuras como Robert Motherwell y Alan Vega. En sus últimos años, residió en una granja en Sugar Loaf, Nueva York, donde continuó dedicándose a la pintura y a la jardinería hasta su fallecimiento.