Una vida tejida en movimiento: El arte de Awilda Sterling Duprey
Awilda Sterling Duprey, nacida en 1947 en el vibrante barrio Obrero de Santurce, Puerto Rico, es mucho más que una artista; es una arquitecta cultural. Su viaje comenzó impregnado de las ricas tradiciones de su tierra natal, un fundamento que florecería en una práctica multidisciplinaria innovadora que fusiona a la perfección la performance, la pintura y la abstracción. Desde sus primeras exploraciones en las artes visuales —obteniendo su bachillerato en la Escuela de Artes Plásticas en 1971— Sterling Duprey emprendió una odisea intelectual y artística, perfeccionando sus habilidades en instituciones como la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, la School of Visual Arts en Nueva York y el Pratt Institute en Brooklyn. Actualmente, mientras realiza estudios doctorales en historia en el Centro de Estudios Avanzados sobre Puerto Rico y el Caribe, encarna un compromiso tanto con la expresión creativa como con la rigurosa investigación académica. Esta dedicación no es meramente académica; está tejida en la esencia misma de su obra, dotándola de capas de conciencia histórica y resonancia cultural.
Pisotón y el nacimiento de una vanguardia
La emergencia de Sterling Duprey como figura fundamental en la escena artística de Puerto Rico coincidió con un período de intensos cambios sociales y políticos. En la década de 1970, cofundó Pisotón, un colectivo revolucionario que se convirtió en el primer grupo de danza experimental de la isla. Este acto no consistía simplemente en crear nuevas coreografías; fue una afirmación de libertad artística, un desafío a las normas convencionales y una audaz exploración de la identidad dentro de un contexto poscolonial. Pisotón sirvió como crisol para la innovación, fomentando un espacio donde los artistas podían desafiar los límites y redefinir las posibilidades de la interpretación. Su residencia en el Taller de Otra Cosa consolidó aún más su compromiso con la experimentación colaborativa y el compromiso comunitario. Este trabajo temprano sentó las bases de una carrera definida por su negativa a ser categorizada, buscando constantemente nuevas vías de expresión.
Raíces afrocaribeñas e improvisación de jazz
El núcleo de la visión artística de Sterling Duprey reside en una profunda conexión con el ritual afrocaribeño, la cosmología yoruba y el espíritu improvisador del jazz. Sus interpretaciones no son meras exhibiciones de destreza técnica; son invocaciones, un llamado a las energías ancestrales y una celebración de la herencia cultural. Ella posiciona el cuerpo como un archivo, un recipiente que transporta las memorias, las resistencias y las continuidades espirituales de las generaciones pasadas. Esto es particularmente evidente en su aclamada serie …blindfolded (2019–presente), donde se venda los ojos y responde a la música jazz con dibujos espontáneos de tiza sobre superficies negras. El acto de dibujar mientras la visión está obstruida se convierte en una metáfora para acceder a niveles más profundos de conciencia, permitiendo que el cuerpo "vea" a través del sonido y el movimiento. La elección del jazz es significativa; no es simplemente un acompañamiento musical, sino una forma paralela de improvisación: un diálogo entre la artista, la música y el espíritu ancestral. Su selección de piezas del saxofonista Miguel Zenón, particularmente de su álbum Sonero: The Music of Ismael Rivera, subraya su compromiso con la honra a las tradiciones musicales puertorriqueñas.
El huracán María y la encarnación del trauma
El devastador impacto del huracán María en 2017 afectó profundamente la obra de Sterling Duprey, provocando una respuesta poderosa que trascendió el mero registro documental. Su pieza Lack's Criticality (2018-23) fue comisionada por Temple University y más tarde exhibida en el Whitney Museum of American Art como parte de una exposición que exploraba las respuestas artísticas ante la tormenta. Esta performance no buscaba recrear la destrucción física, sino capturar las secuelas emocionales: el trauma colectivo, el duelo y la resiliencia del pueblo puertorriqueño. Sterling Duprey recurrió a las tradiciones de danza yoruba, infundiendo la obra con elementos espirituales y religiosos que ofrecieron un camino para la sanación y el recuerdo. Acompañada por tres percusionistas de batá yoruba —Jainardo Batista, Rafael Monteagudo y Román Díaz—, creó una experiencia inmersiva que resonó profundamente en el público, ofreciendo una comprensión visceral de la pérdida y la esperanza.
Reconocimiento y legado
Las contribuciones de Awilda Sterling Duprey al mundo del arte han sido ampliamente reconocidas a lo largo de su carrera. Recibió una beca de Danza Experimental de la NEA en 1985, un Premio a la Contribución Cultural Caribeña del Instituto Cultural Puertorriqueño y el premio cultural Clemente Soto Vélez en 2001, y fue honrada como United States Artists Rolón Fellow en 2010. Su obra ha sido exhibida en galerías y museos de Puerto Rico, Estados Unidos y América Latina, incluyendo una destacada participación en la Bienal del Whitney de 2022. Sin embargo, más allá de los galardones, el legado de Sterling Duprey reside en su inquebrantable compromiso con la innovación artística, la preservación cultural y la justicia social. Continúa enseñando en la Escuela de Artes Plásticas en San Juan, nutriendo a la próxima generación de artistas y asegurando que el espíritu de experimentación —y el poder del movimiento— siga prosperando. Su obra se erige como un testimonio de la fuerza perdurable de la cultura afrocaribeña y del potencial transformador del arte para sanar, recordar e inspirar.